Nunca callo lo que siento,
pero ante ti no tengo más remedio.
Aquel miedo le gana al sentimiento
y, sin quererlo,
me acobardo y espero un milagro
que me ayude a confesar
lo mucho que te amo.
Porque aunque me esfuerzo tanto,
hasta romper en llanto,
no salen las palabras...
las miseras tres palabras
que se ahogan en mi garganta.
Quiero escucharlas,
quiero sacarlas,
pero estas solo sangran
en lo profundo de mi alma.
—Siempre tuya,
La chica de rojo.