Bajo la lluvia sucia de la memoria,
pongo mis manos en la tierra fría.
Es este fango gris un milagro torpe,
un asunto de dedos, olvido y asombro.
Hay que querer el polvo del camino.
Hay que amar la arena hasta volverse loco.
Si no vas a perder el juicio ahora,
mejor déjalo todo quieto en la sombra.
No empieces la tarea con el alma seca.
Será un esfuerzo en vano.
Será solo un invierno largo.
El amor es un faro exagerado y triste.
Es lo único que alumbra las cosas que duran.
Solo el amor, ese dulce dolor,
hace que el barro camine y tenga ojos.
Solo el amor engendra la maravilla.
Miras tus manos vacías en la tarde.
Falta ese fuego que levanta la ceniza.
Solo el amor consigue encender lo muerto.
Hay que aceptar los días rotos.
Amar el tiempo de los intentos perdidos.
Querer la hora oscura, esa que nunca brilla,
donde el fracaso se sienta a la mesa.
Si no amas ese rincón de polvo,
no pretendas tocar la verdad con los dedos.
La verdad es de barro.
Y el barro, sin amor, es solo olvido.