Emma Gissel Gandara

La Historiadora

Me volví una experta historiadora,

guardando el eco de aquellas llamadas,

horas eternas, complicidad aurora,

donde las penas quedaban olvidadas.

​En un libreto de silencios y de calma,

fuimos un cosmos que el destino no tocó;

un multiverso donde alma con alma

se amó en secreto, pero nunca se estrechó.

​Me volví una fiel historiadora, atenta

al pulso herido de tu voz acelerada,

a ese cariño sutil que se presiente

y que tu boca callaba enamorada.

​Fui cronista de un hogar imaginado,

de un suelo limpio, de una clara descendencia;

un territorio que el tiempo ha devastado,

donde el deseo mutuo fue nuestra coincidencia.

​Memorizaba el calor de la marea,

el roce suave de la sábana en el nido,

el tibio soplo que el sueño balancea...

justo antes de saberte ya perdido.

​Ahí la fría realidad se hacía fuerte,

me despertaba con su grito despiadado:

tu elección nunca habría de corresponderme,

pues tu destino ya estaba encadenado.

​Hoy cierro el libro de los días que no fuimos,

guardo los ecos de tu voz en lo infinito.

Fuimos el sueño que en la sombra construimos;

hoy te desato de este verso en el que habito.