Luz... me lleva por encima la cálida
luz de tu mirada. Y me lastima,
me intimida, pero a la vez me anima;
¡qué nadie opaque tu presencia escuálida!
A tu propio aire, nace esta crisálida;
rocío el agua en mi árbol de lima,
que, con tus bellos encantos, me arrima
a la inquietante faz de tu tez pálida.
Pero aquí esperaré a por ti, amor,
pues necesito completar mi ser,
que con tu llegada me hizo sentir.
Pregunto: «¿Y qué más puedo querer?».
Lastimarás parte de mi vivir
si tú te vas y ya no te vuelvo a ver.