Renacer del error
con un alma limpia
habiendo sido atacado por el mal,
inclusive habiendo lo dejado entrar
y sentir su ácido venenoso en el alma,
y aceptar ante Jesucristo que hemos
causado también dolor a nuestros hermanos
y hemos dejado en sus alma piedras ardientes
que les han causado daño,
al aceptar esa realidad llegas a un huerto espiritual similar al huerto
de los olivos, con la diferencia de que Jesucristo cargo solo con
la angustia de nuestros pecados y nosotros
cargamos los pecados ajenos y los propios,
con el mal que nos han hecho y el mal que hemos causado
en ese punto sentimos nuestra miseria humana
del mal hecho y el mal recibido,
y en ese fuego que quema el alma
quedan dos caminos el perdonar y perdonarnos
y volver a empezar a permitiendo que el fuego nos purifique
y nos haga más fuertes y puros como cuando el fuego funde el hierro
o dejarnos llevar por la soberbia y la culpa y permitir que el fuego
nos consuma y nos destruya.
Y en ese lugar en que hoy estás Jesucristo está contigo
o te puedes dejar abrazar por él
o lo puedes ignorar,
puedes gritar con desesperación
o puedes hacer silencio en tu entorno y tu interior
y escuchar su tierna voz