Eléboro
Un cielo antiguo,
de tormenta apuñada,
bordeado de bestias espantosas,
rígidas, riéndose azuladas.
Allí, prontuarios bajo tierra.
La oscuridad es una grieta;
allí solo sueñan los petulantes espíritus,
a los cuales interrogarán
bajo lluvias de vinagre,
dentro del mismo cielo viejo
que vio nacer,
que vio morir,
que vio resplandecer
a la carne que atestiguará falsamente.
Eléboro negro son tus ojos,
fluye en tu sonrisa.
Flujo negro como tu sangre,
cuervo sin olivo, impuro, decadente.
Reina hostil.
Rey frustrado.
Tus manos, hoces y gritos blandos;
tu corazón, rata agusanada
que alimenta ángeles ancianos:
les llenás la panza para verlos vomitar
y reír azulado, a mi lado.
No tenés más remedio
que curarte en el olvido.
Reina insidiosa,
Rey Calígulante.
(El inhabitable, fatigado con mi antiguo temor, con el azufre de las penas moldeaba héroes de falsa modestia).