Fuiste fragancia volátil,
al principio agradable e intensa,
dulce, irresistible, excitante.
Despertaste un deseo
y encendí para ti una vela;
esa que guardaba con celo,
la que ocultaba una nueva ilusión.
Pero la llama se apagó
cuando se disipó tu aroma,
cuando se hizo imperceptible a mi olfato.
Ese destello que alumbró por un instante mi interior
se evaporó en la penumbra,
llevándose la porción de una esperanza.
Quizás esa luz regrese a brillar
con una esencia distinta:
una que de verdad perdure en mi piel,
una que se resguarde en la memoria,
una que nunca quiera irse...
Que desee fundirse con mi propia esencia
para, al fin, ser uno solo.