Me quedo en silencio derrotado
porque las palabras fueron temerosas;
por su imponencia fui poca cosa
porque callé sin haberlo intentado.
Guardé mis epítetos y adjetivos,
así como el rencor que me consumía,
preferí la soledad y la lejanía
a usar vocabulario despectivo.
Preferí no responder a su enojo
porque soy como la oscura noche
que a su luz le prohibió el derroche.
Taciturno seguí por largo camino
con el inmenso baúl de miles reclamos
perdido sin explicar lo que domino.