Freddy Kalvo

La libélula, el gusano y la abeja

La libélula es bonita

cuando vuela por el monte

y buscando va en las flores

algo que le dé la vida.

 

Y una tarde de verano

se encontró con una abeja

laboriosa y muy atenta

sobre flores de amaranto.

 

Y la abeja le pregunta:

—¿Qué hace aquí, mi buena amiga,

a qué debo su visita

en la flor tan bella y pura?

 

La libélula se extraña

ante tan audaz pregunta

y contesta, muy astuta:

—Solo vine a saludarla;

 

pero añade, con sonrisa:

—Mas… si gusta yo la invito,

a volar al paraíso,

que se encuentra en una finca.

 

Y la abeja prevenida

preguntó: —¿Pero a qué iremos?

—En verdad, se lo agradezco,

ya la finca está marchita.

 

La abeja bien intuía

la intención de la emboscada

y, prudente razonaba,

que escondía trampa fina.

 

Y llegó pronto un gusano

que escuchaba la propuesta

y le dice: —Buenas bella…

¿Si usted gusta, la acompaño?

 

El gusano zalamero

no sabía qué pasaba

mucho menos de la trampa

que tendía el otro insecto.

 

La libélula convino

que el gusano acompañara,

mientras tanto se volaba

la abejita en el descuido.

 

El gusano y la libélula

se fueron por un atajo

y de pronto, por el vado,

se oyó un golpe con violencia.

 

¡La libélula comió

al gusano suculento!

Hoy que sabe usted los hechos

¿Cuál será la conclusión?

 

«Quien procede con prudencia

notará pronto el engaño

y el que ansía más lo vano

es probable que perezca.

 

Y al metido y zalamero,

casi nunca le va bien.

Por querer beber la miel,

traga a veces su veneno».