Nubes preñadas de lágrimas
parieron cataratas.
Aquel ocaso te fuiste de mí
y yo… te dejé ir.
Antes que desaparecieras
con apremio envolví en mi alma
- protegiéndolos del olvido -
el recuerdo de tu voz, de tu aroma, de tu silueta
y de tu última mirada.
Fue un instante de amor sin igual
en que los pétalos de todas las flores del mundo
cubrieron con ahínco sus pistilos.
Cuando mis ojos perdieron tu sombra
lloré hasta perder totalmente
la noción del tiempo
el sentido de la existencia
y la fuente de la alegría.
El resto de mis días
la vida siempre amaneció
del color de la tristeza.
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P-Car
Paty Carvajal-Chile
N°755 - 26.04.2014
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