REVERBERACIÓN
Entre el cielo
y yo—
algo
se queda.
Cada noche
que lloré
a solas—
no estaba
del todo
vacía.
Alguien
recogía
lo que caía.
No lo veía.
Pero estaba.
A veces—
sentía
algo cercano.
No palabras.
No forma.
Solo
presencia.
Como si algo
me sostuviera
sin tocarme.
Caminaba conmigo.
En silencio.
Sin invadir.
Sin pedir.
Cuando todo
se volvía frío—
eso
permanecía.
No me salvó.
Pero no me dejó
caer del todo.
Y en medio
de cada golpe—
algo
aprendía
a mirar distinto.
No era luz.
Ni respuesta.
Pero sí
un lugar
donde no estaba
sola.
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