En la oscuridad me debato,
entre el bien y el mal, un eterno combate.
Soy un espejo roto, reflejo de un pasado que no puedo olvidar,
cada fragmento, una herida que no cicatriza,
una cicatriz que me recuerda quién fui y quién soy.
Pero en el silencio de la medianoche,
escucho un susurro, un llamado que no puedo ignorar.
Es la voz de la esperanza, débil y lejana,
que me invita a caminar por un sendero distinto,
a buscar la luz en el abismo más profundo.
Aunque el camino esté lleno de espinas,
y el viento me golpee con saña,
sigo adelante, con la fe de que algún día,
encontraré esa chispa de redención,
ese perdón que me libere del peso que llevo.