Hay personas que pasan por la vida dejando apenas recuerdos,
y hay otras que terminan quedándose en uno
mucho después de haberse ido.
Si algún día llega el momento
en que mi voz ya no visite tus recuerdos,
en que tu nombre o mi nombre dejen de doler
o de hacernos sonreír en silencio,
no voy a culpar al tiempo.
La memoria también aprende a seguir adelante,
y el corazón, para sobrevivir,
a veces necesita guardar ciertas historias
en lugares donde ya no lastimen tanto.
Pero sí quisiera que, aun cuando todo se vuelva distante,
te quede al menos la certeza
de que hubo alguien que te amó profundamente,
sin medidas,
sin reservas,
con una intensidad que pocas veces se encuentra en la vida.
Porque lo nuestro tal vez no fue eterno,
pero sí fue real.
Y en medio de un mundo donde tantas personas apenas coinciden,
nosotros logramos encontrarnos de una forma
que dejó huella.
Fuimos refugio,
fuimos impulso,
fuimos calma y tormenta al mismo tiempo.
Y aunque hoy la vida nos lleve por caminos distintos,
hay algo que no cambia:
hubo un instante
en el que tú y yo dejamos de ser miedo, duda o posibilidad.
Fuimos verdad.
Tal vez breve.
Tal vez imperfecta.
Pero verdad al fin.
Y hay amores que, aunque no duren para siempre,
se quedan viviendo en el alma
de una manera silenciosa,
profunda
e imposible de borrar.
Gracias por todo lo vivido.
Juan.
JFAS-02-04-2026