Háblame, por favor.
Dímelo.
Muéstrame ese lugar donde no estás, ese rincón del mundo que no te pertenece, donde tu presencia no pueda atormentarme en cuerpo y alma.
Si soy la única de los dos que se quedó esperando.
No lo entiendo.
Te ofrecí mi corazón.
No tengo nada más que dar.
Ya ni siquiera sé quién soy.
Déjame, por favor.
Abandóname.
Eres mi tormento.
Día y noche te pienso.
Abandóname, sal de mí.
No quiero pensarte más, ni incluirte en mis días.
Me haces daño.
Por favor, dime el lugar donde ya no pueda verte más.
— Mel