LERKEV

FUTURO DE MALA SUERTE

Sé que terminaré haciendo
lo que no quiero hacer.

No porque lo entienda,
ni porque lo comparta,
sino porque alguien se frustra
cada vez que no sigo el camino
que impone para mí.

La obligación tiene un peso extraño.

No grita,
no amenaza,
no arrastra.

Solo se queda ahí,
sobre el pecho,
recordándome que decepcionar
también es una forma de hacer daño.

Y yo cedo.

No por voluntad,
sino por cansancio.

Porque hay batallas
que uno deja de pelear
cuando descubre
que su victoria sería la tristeza de alguien más.

Me aplastará.
Lo sé.

Pero no sonará un estruendo,
ni el crujido de mis huesos.

Será una caída discreta,
una derrota silenciosa,
de las que ocurren por dentro
y no interrumpen la vida de nadie.

No quiero incomodar más.

Por eso callo.
Por eso sigo.
Por eso acepto.

Y mientras avanzo
hacia aquello que nunca quise,
recuerdo al que fui hace años.

Aquel que miraba adelante
y se prometía un futuro de buenas cosas.

Qué ingenuo era.
Hoy era ese futuro.

Y ahora que llegué hasta aquí,
descubro que conmigo
no existe un futuro incierto,
sino un futuro de mala suerte.