Anestesiado el trapo con el que frota sus vergüenzas.
Si su embelesa gritara, arrugara las molestias
con que presta su atención; Intuye la veraneante migración.
El algodón áspero, cual hebras sumidas en gelatina;
Desbordan y enredan a wisrulito...
¡Víbora!... ¡¿Qué le hiciste?!
Si a la víspera, irte con él prometiste.
De un abandono lo recogiste.
Y ahora retienes un juicio entre tus pútridos dientes;
Aquejando al mal agüero:
<<Yo, a ése wisrulo, lo vendí>>