Asómate al balcón, mujer,
que te quiero ver
una vez más antes de partir
de tu vida de una vez.
Y quizás ya no te espero,
pero amarte a cada rato
es mi gran trabajo.
Con ganas te escribo;
espero leas mis versos.
Enviártelos no lo haré,
pero aspiro a que los veas
algún día, tal vez...
Pero léelos, mujer,
que todas estas palabras
son totalmente para ti.