Elthan

El Augurio de Midgard.

El Augurio de Midgard.

Los cuervos bajaron antes del deshielo.
Ningún anciano quiso interpretarlo.

 

El puerto olía a brea húmeda.
Las mujeres lavaban sal de las túnicas
sin mirar el horizonte.
Un niño golpeaba vértebras de bacalao
contra las piedras negras del embarcadero.

 

El vigía habló de una costa sin árboles,
de aguas inmóviles bajo un cielo de estaño.
Dijo que allí los hombres enterraban campanas
para no escuchar sus propios rezos.
Nadie rio.
Solo el herrero continuó hundiendo hierro al rojo
en un barril donde flotaban moscas muertas.
El vapor ascendía con forma de rostro mutilado.

 

Esa noche
los perros no durmieron.
Rasguñaron las puertas orientadas al norte.

 

La escarcha cubrió los remos al amanecer.
Algunos pensaron en abandonar el viaje.
Otros bebieron más de la cuenta
para confundir presagio con cansancio.
El mar permanecía liso,
como una hoja esperando nombres.

 

Las runas comenzaron a borrarse
antes de que muriera el sacerdote.
No se habló de aquello,
el recogimiento suele ser un augurio.

 

Los dioses envejecen primero.
Después envejecen quienes los obedecen.

 

El último “Skål” no sonó festivo,
los aullidos se escuchaban a través del hielo.

 

En otras costas existen ciudades levantadas con vidrio y neón.
Torres sin hollín ni cuervos.
Los hombres allí caminan rápido,
evitando cualquier charco donde pudiera reflejarse el rostro.

 

Cuando partieron, el fiordo quedó en silencio.
Ni despedidas ni plegarias.
Solo nieve desplazándose sobre las tablas vacías.
Entonces comprendieron por qué el invierno
ya no descendía desde las montañas.
Había aprendido a vivir dentro de los hombres.

 

 

xElthan.