Carmen Sallenave

La Maldición del Lastre de Oro

El tiempo se me escapa

de entre los dedos como arena

y en esta isla no hay nada,

el sol todo lo seca.

 

Hay una molestia en

mi garganta que no es sed

y se siente como si fuera real

pero no lo es.

 

¿O lo es?

Alucino por el calor,

siento un ardor en el corazón

que late y late y me deja peor.

 

Creo que recuerdo una cachetada,

una fuerte que me dejó tirado.

Creo que recuerdo un grito 

y un empujón apresurado.

 

¿Qué habrá pasado,

oh Señor, qué fue lo que me dejó tirado?

¿Qué habrá pasado para quedarme

moribundo en este lugar desolado?

 

Creo que recuerdo un latigazo,

o una caída alta.

Creo recordar un fuerte golpe

y olor a muerte varada. 

 

Creo que ya sé lo que pasa.

Mover la cabeza no hace falta

para saber que a mi lado

está muerto mi camarada.

 

Creo que he recordado 

las olas furiosas

y el golpe del mar

que pesamos que era de confiar.

 

La Maldición del Lastre

Se ha cumplido como lo dijo mi tío

que alguna vez fue mendigo

y desafió con orgullo el castigo.

 

Me avergüenzo de

haberle dicho a mi hijo

que aún si muero que robe sin importar 

a quién deje sin cobijo.