Piedra y fermento
Hay un karma de piedra.
Camina detrás de nosotros, anotando en silencio cada puerta cerrada en el rostro ajeno, cada palabra que dejó cicatrices, cada traición escondida bajo el traje impecable de la costumbre.
No corre.
Sabe esperar.
Tiene la paciencia de las raíces que levantan el pavimento.
Pero existe otro.
Uno que no lleva cuentas, sino semillas.
Recoge el vaso de agua compartido, la mano tendida sin testigos, el pan partido en dos cuando apenas alcanzaba para uno.
Tiene la paciencia del fermento:
trabaja en silencio, desde adentro, sin que nadie lo vea actuar.
Y también espera.
Un día, una luz nos encuentra en medio de la tormenta.
Una pesa.
La otra, florece.