Nathanael

Nardos

Juro inundarte de nardos.

Los pondré en tus orejas, entre el cabello

y en el cuenco de tus finas manos.

Llenaré los jarrones los domingos;

voy a sitiar tu casa con su aroma

para que me recuerdes cuando respires

y no puedas olvidarme,

nunca.