Si la bala no fuera a imponer
miedo sobre el alma herida
y matara inicua rebeldía,
vana, sin aristas de agonía;
solo la osadía de sobrevivir.
Si la experiencia de la guerra
trajera buenas señales o
prácticas soluciones o
gratas vivencias,
la muerte por violencia
sería justicia.
Sin embargo, solo es
campo desolado sin luces
y mortal ignorancia humana.
¡Ambición para unos pocos,
deserción para otros muchos!
Densa y negra nubosidad
de polvo a la infancia
y fragancia de muerte
inocente que se desvanece
en la letal brutalidad
sin justificación racional.
Si la comparecencia ante
el ausente juicio a los
culpables y criminales,
asesinos de naciones,
de tierras y de tal genocidio,
tuvieran la decencia de asumir
su fracaso espiritual
y muerte en vida.
Qué apacible sería la historia
y no habría metralla ni ardid
de mortandad ajena;
sino valentía y fraternidad
de convivir en armonía,
con uno y con el resto.
Frente al sangriento rumor
ruidoso que no cesa, hoy se rinda
homenaje a la memoria de
los mártires por intereses
de dementes genocidas.
Que pese a todo, la bala no calla
con su metralla. Plegaria por Gaza.
Hernán J. Moreyra