Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Vendrá el dolor y tendrá tu voz.
Vendrá la soledad vestida de indiferencia,
y se sentará a mi lado
como un recuerdo que se niega a partir.
Y aun así extraño aquello que me destruye:
las caricias que imaginé eternas,
las promesas que el tiempo desnudó como mentiras,
la ilusión de encontrarte
en cada rincón de mis días.
Hoy lloro una nostalgia idealista,
un amor que existió más en mis sueños
que en la realidad de tus palabras.
Con tu cruda honestidad rompiste el espejismo;
me mostraste el vacío
que habitaba detrás de cada gesto,
detrás de cada afecto prestado.
Me quitaste la razón por un instante,
y ahora mis añoranzas baten retirada,
como un ejército cansado
que al fin comprende la derrota.
Porque sé que no volverás.
Y aunque la muerte tenga tus ojos,
aunque el dolor conserve tu voz,
lo que más duele
es aprender a vivir
sin esperar tu regreso.