Nkonek Almanorri

NO ES VERSO, ES DE MERCADERES.

 

 

Escribir mal tiene solución:

Leer más.

¿Qué es escribir mal?

Escribir falso

También,

 Peor.

Lo más importante: Requiere, primero,

Dejar de mirar cuántos likes tiene

Lo antes escrito, lo leído, y

Empezar a mirar qué

Hay de cierto o

Qué no

Hay de cierto.

 

“El significado de lo que en ocasiones decimos no depende, en absoluto, solo de las palabras que entonces decimos, no: depende, y esto es muy importante, de quién eres cuando las dices, de cuando las dices, y de dónde las dices”. Estas palabras no son propiamente mías, las tengo guardadas en mi Libreta de Notas desde hace décadas, son del escritor argentino Luis Borges sobre un estudio de alguien que escribió ingentes cantidades de palabras y frases  que sacó de El Quijote e hizo de ellas una comparación en el tiempo en que fueron escritas por Miguel de Cervantes y después por otro escritor en el siglo XX. A razón de haber encontrado esta nota, de leerla, estudiarla y ver qué aparecen en los distintos espacios de escritura me ha asaltado la pregunta: ¿Hay, hoy, una epidemia en los espacios de escritura?

 

Uno lee poemas, escritos, comentarios y otros asuntos y a veces, salvo excepciones que, como siempre digo, las hay, escriben personas que parece que llegan con sus mariposas nocturnas, con sus abuelas ya muertas pero que aún huelen a jazmín, sus corazones rotos y hasta con sus peleas con medio mundo, y a todo esto algunos lo creen y lo llaman, aunque no lo dicen Realismo Mágico, o casi. Para algunos escribir es un desahogo, para otros un grandioso hallazgo, para mí un acto de rebeldía, también los hay que necesita escribir como acto de fe, de confirmación interior.

 

El problema de lo que se escribe en los foros y que cada cual puede llamarlo como quiera no sólo es estético, es ético. Nadie puede, ni debe (aún escondido no en el anonimato porque ya todo el mundo sabe quién es sino en la oscuridad de su propia sombra) señalar quién puede y debe o no escribir ni qué temas puede o no traer, menos aún insultar públicamente y durante días mantener la denuncia abierta y avisando por correos internos para aunar likes a favor de degradar a la persona de turno, en este caso yo; hasta 268 supuestos “poetas y poetisas”. Llamar poesía al insulto, a la impostura es robarle la palabra a quienes sí escribe para denunciar injusticias, es adulterar las palabras que otros quieren leer, es ocupar un espacio de todos y que le corresponde también a quien escribe otras verdades desde otras miradas y, sobretodo, sin garantía de aplausos asegurados porque en ningún caso es éste el objetivo.