Carlos Baldelomar

+ MILAGRO DE LAS CINCO +

Me gusta pensar
que andás por alguna calle de esta ciudad
con tu andar ligero y distraída
de costumbre,
y que voy a encontrarme con vos
en el tráfico insoportable de las cinco.

O tal vez
en alguna parada de buses

esperando solitaria el siguiente,
porque el motorista agotó su paciencia,
esa que yo aún guardo
como la última moneda
entre mis manos.

Me gusta creer que sos más
de lo que yo me invento,
y que he logrado ver
en la profundidad de tus ojos

algo más
de lo que una habitación sin luces
apenas deja adivinar.

Sé muy bien que me pensás a veces,
pero todavía desconozco
en que sitio
o en qué silencio de vos
permanezco.

Hoy quisiera creer
que tenés en tus manos
el don de hacer conmigo una esperanza,
que podés remendar
con tus costuras delicadas,
estos hilos que se descosen
y asoman de mi alma.

Quiero encontrarte mucho más allá
del sitio donde yo te imagino,
más allá de mis dudas
y de mis contadas certezas.

Aquí te digo:
yo no creo en el destino,
pero te aseguro
que creo en tus manos,
en el sonido de tu nombre
escapando de mi boca,
en ese aire de tu suspiro
que es viento que irrumpe
por mi casa.

Y hasta es probable
que termine creyendo en Dios
si un día de estos
entre todo el ruido del mundo,
es tu voz la que se atreve
a pronunciar mi nombre.