Un gorgojo se quejaba
de su boca tan pequeña
porque no comía nada
en la pobre y triste huerta.
Y una vez por el camino
se encontró con la caverna
donde había muchas ratas
preparadas con sus jetas
que comían a montones
quesos, panes y ciruelas.
El gorgojo, al ver sus bocas,
que tenían siempre llenas
procuró hacer la pregunta
de una forma circunspecta:
—Oiga usted, señora rata
—¿Me disculpa la molestia?
—¿Cómo diantres satisfago
los deseos de mi cabeza,
de comer lo que usted come
y se queda, satisfecha?
Y la rata muy astuta
supo cuál era la meta
del gorgojo con hambruna,
con el alma siempre enferma
y le dijo, muy sonriente:
—Pase bien la peripecia.
—Ya no esté con los gorgojos
y se viene a nuestra cueva
donde comerá de todo,
su familia con su suegra.
—Y tendrá que transformarse
se lo digo pa´ que sepa
pues ya no será gorgojo.
¿Quiere ser la rata auténtica?
¡Cuándo firme el documento
que, si gusta, usted lo llena!
Y el gorgojo entusiasmado
caminó por la vereda
a buscar los familiares
para dar nuevas ideas.
Y una grulla de gorgojos
se vieron por las callejas
ya vestidos como ratas
y comiendo bien como ellas;
aunque el dulce panorama
que describen estas letras,
no alcanzaba para todos
solamente al sobalevas.
Este cuento que hoy le cuento
no es tan cuento si lo cuenta
porque priman intereses
en aquellos que padezcan
de la hambruna incontenible
que se vuelven sinvergüenzas
pa´ cumplirse sus deseos
¡Y qué importa la conciencia!
Por lo mismo, es peligroso,
que se crea en esta tierra
los discursos rimbombantes
donde abunda mucha jerga
del político farsante
que engañando va a la gleba
pa´ cumplir con sus deseos
y aconsejo no les crea
«¿Qué ellos lo hacen por el pueblo…?
¡Porque dan muchas sorpresas!»
Se transforman de inmediato
de una forma leguleya
como el tal gorgojo rojo
que buscó la ratonera
y poniéndose otro saco
hoy goza de otra zalema.
Muchos cambian con el tiempo
y es muy raro se mantengan
siempre firmes por principios
aunque en medio de pobrezas
porque hay muchos cual gorgojos
que hoy son ratas en bodegas.
Y le pregunté en confianza
a una liebre que es bohemia:
—¿Qué opinaba del asunto?
Lea ahora la respuesta:
—¡Cuidado, buen caminante
porque hay muchos que aparentan.
Se la pintan de rojitos,
pero son la misma mierda!
Me quedé muy sorprendido
la respuesta fue grotesca
pero escrita la he dejado
por respeto a lo que piensa.
Como cierre, les pregunto:
—¿Dónde está la moraleja?