¿Qué quieres que te diga, amiga mía,
si llegaste vestida de alborada,
como una luna azul recién sembrada
en la región más honda de mi día?
Tus versos fueron agua de herejía,
lluvia de luz en copa derramada,
una brújula de ámbar extraviada
buscando mi silencio y su porfía.
Viniste desde lejos, tan lejana,
trayendo entre los pliegues de la bruma
un jardín de luciérnagas despiertas.
Y hoy tu voz, que en mis sombras se engalana,
es un pájaro de oro que perfuma
los relojes dormidos de mis puertas.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026