La esperanza relincha,
se desplaza hacia dentro,
decoración del tiempo y del espacio...
Yo.
Sonrío cabalmente aunque no haya acudido
al son de tus cabellos, xilófono afinado,
percusión de tersura y de tibieza,
de música invertida,
invisibilidad del arpa
donde los dedos buscan el naufragio
de una canción sin comisura,
sin silencios, becuadros o corcheas.
Siempre que te aproximas les doy tregua a mis límites,
nos besamos con aire de otras bocas,
con la dulzura indígena del tacto
envejecemos -Células aburridas.-.
Me recreo en tu voz cuando suelto las riendas,
en este verso opaco, palimpsesto,
que nunca ofrece pistas, las emociones gritan,
fuera de sí,
y con esta distancia,
desestimo tu alma, incompleto camino,
entre tus senos
o tus ingles,
y estás desdibujada entre mis labios.
Sigo mirando adentro desde entonces,
sigo teniendo el lápiz de tus ojos,
prefiero que me digas si quieres olvidarme,
tal vez que me lo pidas tú.
Por esa libertad que no te deja a solas,
me adelanto, no escucho, te comprendo -Callado.-,
no muevo un solo músculo, como si se tratase de un recuerdo,
un espasmo, eso soy; un impulso hacia mí,
donde buceo -Escafandra y oxígeno.-,
sin seguir absolutamente a nadie,
donde el coito escasea por tensión ocular.
Se pueden averiar o abrir completamente
esas puertas del cielo, cada vez más profundas...
Lucen dentro de mí.
Moriré solitario,
esto es desechable, si quieren reciclar,
me verán como un único espíritu de ouija,
quemaré mis poemas; para amar como yo
deberás enterrar pecados y futuros
y apartar tu mirada
-Hipersensible, ansias, ganas de vomitar.-...
Desde este lado. A partir del que habitas
se cruzan nuestros mundos, antes inanimados,
ahora realidades que me absuelven,
como un fantasma quiero compartir mis anécdotas.