Obsesión es una palabra peligrosa,
y tú eres mi perdición.
Esos ojos me embriagan de locura,
con su ternura que me hace creer en el amor.
Esos labios me invitan al infierno
disfrazado de paraíso prohibido.
Su aliento húmedo penetra mi cerebro
hasta el rincón más perverso de mi alma.
Eres fruto prohibido,
tentación que sabe a muerte.
Me tienes en tus manos:
soy amante eterno de tu cuerpo sin freno,
esclavo de tus cadenas que me atan a ti
por voluntad propia.
Eres veneno disfrazado de agua cristalina.
Tu belleza es una hermosa religión
y yo, tu más fiel devoto.