A la ventana, veo iluminado
tu precioso rostro: pómulos rosas,
tus alargadas pestañas hermosas...
Sentado, estaré siempre a tu lado.
Tu pomposo vestido, adornado
con llamativas figuras preciosas,
me encadenan como fuertes esposas,
dejándome encantado y perfumado.
La corona de mi reina, me deja
ciego de tan brillante y reluciente;
me aparta, y me dejas tras la reja...
... me cautiva, me incita, me estremece.
Me deja temblando mi reina abeja;
pues sin ella, mi espíritu perece.