El silencio no es hueco.
Es el cuarto donde la voz de tu padre
aún esculpe tu cara,
donde el consejo no dicho
te inclina la frente
como un cincel que trabaja
incluso de noche.
Baja más.
Donde la brasa no reconoce dueño,
donde el fuego es solo fuego
sin nombre, sin promesa.
Allí quema.
Allí nace un habla sin costuras,
una sílaba anterior a la palabra padre,
anterior a la palabra hijo.
Un pulso que se nombra al latir,
su forma de gritar sin boca,
de existir sin permiso,
de ser
sin que nadie le haya enseñado
cómo se hace.
Antonio Portillo Spínola ©️