Esa montaña, siempre lejana,
erguida y orgullosa soberana,
bella tierra extraña
que acaricia mi mirada.
Me cautiva tu forma de elevarte,
tus breves curvas
esculpidas en piedra inerte
de resuelta caliza pura.
En tu cima, dos fuertes pinos,
cavando hondo sin temor,
rodeados por el vasto cielo
y bañados por el sol.
Las estrellas te coronan
de la noche fríos luceros,
sólo son luciérnagas
frente a tu vuelo eterno.