Qué difícil es esperar tras
un cristal, cuando sabes que nunca la verás llegar.
Grito que nadie escuchará
ni cuenta se dará
de lo que tu faz debe simular.
Oculto corre el río que desborda
el corazón
tras ese cristal y esa puerta
en la que desde hoy
solo tú entrarás.
El sol se oculta, ya no espera.
Sabe que no volveremos,
que somos ya parte del recuerdo
tan hermoso y alegre
en el cual por días contemplamos
su alegre final de cada día.
Y tratas de caminar
mientras muerdes tu alma
y mientes con un \"todo está bien\".
Te das cuenta de que faltaron
tantos \"te amo\" por decir,
abrazos, regalos, flores y sentir.
Comprendes que ella era esa otra mitad,
pero nada puedes hacer ya.
¿A quién puedes llamar?
¿Quién consuelo te dará?
¿Cómo agradecer el día?
¿Cómo despertar sin abrazar
ni sentir?
¿Cómo salir de la cocina
y ver tu mesa vacía?
¿Dónde ir, si eras la alegría y la risa,
la compañía perfecta de cada uno de mis días?
Y no sé cómo sigo,
tampoco cómo escribo.
Siento un grito mudo
que hoy tristemente se ha vuelto
mi compañía
desde tu partida.