Cerré la puerta al
mundo
y se pudrió la carne
de mi cuerpo,
y se fué la humanidad de mi
corazón.
Ahora soy algo más
que tristezas andantes:
soy invisible
para el mundo,
soy algo transparente
que nunca trasmuta
y se queda inmóvil
en medio del silencio.
Lucho contra
el viento cada día,
igual que un vaso
de vidrio lucharía,
usando todo
el peso de su
existencia para no
romperse.