Traes en la frente
el luminoso linaje de los astros,
el aroma de las bibliotecas submarinas,
eres faro febril que parpadea en la noche.
Duermes un instante sobre mi pecho,
como esas aves migratorias
que reposan en medio del océano
sobre el ensueño de un velero.
Intento retenerte con las manos,
con murmullos y encantos,
con lámparas encendidas en la orilla,
con el fugaz fuego de mi sangre.
Pero tú perteneces al viento.
Hay noches en que regresas herida,
ceñida por un fulgor extraño,
como si acabaras de cruzar los ecos
de invisibles incendios.
Entonces te acercas lentamente,
apoyas junto a mí tu silencio
y el universo entero
parece detenerse
suspendido en tu secreto.
Basta una sola sílaba tuya
para abrir mi puerta hacia otra música,
hacia otro anhelo y otra vida.
Y entonces,
con tus pies desnudos de infinito,
te precipitas sobre la página vacía
y guías mi alma ardiente,
oh Poesía.