En la cúspide del poder
se asoma la sardónica sonrisa
de la manipulada biblia constitucional.
Con ella se extirpa
cualquier diestro paganismo
o pretendida herejía.
La emparchada política oficial
exagera a extremos su martirologio,
todos son santos sin devoción.
País cegado y envuelto
en el humo pastoso de un incienso,
que aleja cualquier
iniciación a supersticiones gentiles.
Lo opuesto es pagano,
gente demente y escuálida.
Insanos supersticiosos,
perversos y depravados;
de espíritu sedicioso.
Expropiando la endeble razón
implantaron una forma particular
de tratar al prójimo.
Velado en un aura de inmunidad
y jurisdicciones excepcionales
atienden desde el clero celestial.
Se adjudican licencia
para solicitar sacrificios
por la roja santidad,
o morir atravesado
por la espada vengadora.
Pueblo expuesto
a la pena capital de la inquisición,
en caso de no reverenciar
a viejos santos libertadores.
Una minoría que se ha impuesto
con disposiciones ilegales,
pisotean y acorralan sediciosos
hasta torturar sus almas.
Mientras el poder tenga ídolos,
la resistencia aportará mártires;
la verdad será la primera víctima.
Vivir la esperanza sutil
de que el simiente que dejen
estos falsos profetas
se extinga perpetuo.
31-05-2026
© Derechos reservados 2026