Elias Castellano

LA EXPERIENCIA

 

 

Subimos el sendero hasta la encina

lentamente, cogidos de la mano,

y arriba, coronando la colina

nos besamos

 ante un paisaje ufano.

Olvidando a qué habíamos subido,

nos amamos del árbol al cobijo.

Y la encina con un tenue quejido

sin pronunciar ni una palabra, dijo:

 

Un momento que pasa, ya no existe.

Una vida que acaba, al fin se olvida.

Todo cuanto te dieran y tú diste

serán solo vestigios de una vida.

Una vida entre miles de millones.

Un suspiro en el éter de lo inmenso

de una noria que arrastra cangilones

de un líquido apestoso cuanto denso

a un caudal que nos pisa los talones.

 

Y asumimos el centenario aviso

intuyendo el valor de lo inmediato:

que es más bello el amor siendo conciso,

que otro en plan futuro y que sea ingrato.

Que alguien dijo una vez sin previo aviso:

Aquí te pillo amor, y aquí te mato.