Siempre fui por el mundo buscando la felicidad,
Siempre quise encontrarla en cada ser humano,
Pero no la encontré, el vacío seguía igual.
Hasta de mí mismo me exigí mucho para avanzar,
Para poder alcanzar esa paz que tanto anhelaba,
Pero mis fuerzas no eran suficientes para continuar.
Por momentos la alcancé, momentánea llegó a ser,
Por instantes era feliz, o eso quise creer.
Pero yo quería algo real, una verdad genuina,
Y por más que me exigí, la respuesta no aparecía.
Me cansé de luchar en mis propias fuerzas y entender
Que la respuesta no estaba en mí, sino en Su poder.
Porque la verdadera felicidad no depende de nosotros,
Depende del Creador que nos formó a todos.
Él es el único que puede dar el gozo verdadero,
Que llena el alma y que baja desde el cielo.
Si nos sujetamos a Su amor y a Su verdad,
Ahí es donde empieza la auténtica felicidad.
Nosotros, como Su creación, debemos comprender
Que en Sus leyes y promesas hay que permanecer.
Recordemos, amigos, que en el afán de este mundo
No vamos a encontrar un amor tan profundo.
Entre más busques afuera, más te vas a perder,
Pero buscando a Dios primero, todo vas a tener.
Dios es amor, nunca lo dudes,
Dios te ama, rompe tus nubes.
Suelta la carga, déjate guiar,
Que Su presencia te va a restaurar.
Dios es amor...
Él te ama...
Ahí está la verdadera felicidad.