Tuvo la oportunidad de elegirme a mí,
mil veces de frente y mil veces lo vi,
pero en su balanza yo nunca gané,
y en medio del ruido, su sombra busqué.
En el cruel silencio me puse a gritar:
\"despierta ya, Emma, te vas a matar,
estás en el borde de un frío abismo
por darle tu vida a quien hace lo mismo\".
Te esperaba libre con la madrugada,
en noches oscuras, con alma cansada,
en los veranos de sol encendido,
en crudos inviernos de amor ya perdido.
Te busqué en eclipses, en días vacíos,
pero ¿cómo entrar en tus sueños tan tibios
si yo no me sentía con el fiel derecho
de hallar un refugio dentro de tu pecho?
Tus sueños son grises, no tienen color,
buscando las medias en clave de amor;
no existen los blancos, ni negros totales,
son zonas intermedias, inviernos glaciales.
Son solo palabras de un tibio pasado
y besos muy fríos que me han congelado.
Me salió muy caro quererte elegir,
sintiendo este frío que me hace morir;
tus brazos jamás me supieron cuidar,
mientras a otra mujer, en ese lugar,
le hablabas al oído al caer la noche,
dejando mi vida llena de reproche.
Tal vez el error que yo cometí
fue darte mi mundo y elegirte a ti,
elegirte siempre, una y otra vez,
mientras tú jugabas con mi calidez.
Tú elegías a otra en tu habitación,
prometiendo en vano darme el corazón.
Y al final entendí, con el pecho agrietado,
que el abismo era el tiempo que te había esperado.
Que me apagué intentando encender un gran fuego
en tu cuerpo de hielo, perdiéndome el juego.
El amor no se ruega en la cama de un bar,
las sobras de nadie me voy a quedar.
Hoy me elijo yo, aunque tiemble mi voz,
le digo a tu gris un eterno adiós.