¡Dejadles que levanten sus murallas!
Que le pongan asfalto a este dolor.
Que sus ojos oteen desde lejos
el frío pedestal de su desdén.
¡Dejadles que barnicen con entrañas
el ansia desmedida de poder!
¡Que suban al cielo sus torres de hiel
!Que beban la sangre,
que muerdan la piel.
No hay muro tan alto
que no ha de caer,
ni imperio que aguante
su propio desdén!
¡Dejadles que escriban sobre el tiempo!
que sus nombres son Torres de Babel.
¡Dejadles que cabalguen el olvido
cual Atilas de sangre y de placer!
¡Dejadles que se apropien de los campos,
que marquen con sus nombres nuestra piel!
¡Que suban al cielo sus torres de hiel!
!Que beban la sangre,
que muerdan la piel.
No hay muro tan alto
que no ha de caer,
ni imperio que aguante
su propio desdén!
¡Que nos hagan sus siervos
entrenados,
que tengamos para ellos
un Amén!
¡Dejadles que saqueen nuestras casas
hasta hacernos profetas de papel!
¡Dejadles que vomiten sus palabras!
Que sus rezos son muros al Edén.
Que este cielo, esta historia,
este encierro...
se escupirá en nuestros regazos.
Este mundo, vieja \"colcha de retazos\",
castiga el letargo de una tierra
que ignora hasta su ser.
Racsonando ando... / Oscar Arley Noreña Ríos.