Dicen por ahí que el amor es eterno,
mas yo te digo que es un caminar:
llega a tu vida, te cambia el invierno,
y luego un día se tiene que ir.
Te enamoras fuerte, te llena el pecho,
de cielo y sueños, de inmensa ilusión,
mas también trae su lado deshecho,
pues darle a otro tu corazón…
Es darle el mando a que te conmueva,
que toque el alma y deje su huella,
y a veces rompa, y a veces renueve,
y a veces cambie la vida aquella.
Porque ese amor que juró ser eterno,
el de la pareja, el de la unión,
se apaga a veces, se va al invierno,
y abre camino la separación.
Te toca andar por distinta vereda,
sintiendo el frío de la soledad,
quien fue tu vida, hoy ya no se queda,
y se deshace la gran verdad.
Y hay un dolor que más hondo se siente,
cuando la muerte corta el lazo así,
te arranca al ser que tú quieres tanto,
deja el vacío dentro de ti.
Mas aprendes luego la gran enseñanza,
que ni la tumba lo puede matar:
aunque falte el cuerpo, queda la esperanza,
que el amor vivo te hará caminar.
Cambia de forma, se hace recuerdo,
se hace presencia que no se ve,
y en tu alma vive, profundo y cuerdo,
siendo eterno, aunque de pie no esté.
Y luego están… ¡qué milagro divino!
Esos hijos que ves florecer,
carne de tu carne, luz en el camino,
crees que a tu lado siempre han de ser.
Les das tu sangre, tu aire, tu vida,
crees que son tuyos, que son tu sostén,
mas la verdad, aunque duela querida,
es que un día toman su propio vaivén.
Abren sus alas, buscan su mundo,
dejan tu casa para andar su fe,
y tú te quedas, mirando lo profundo,
con el orgullo… y el pecho de hiel.
Sufres de amarlos cuando ya no están,
mas sabes bien que ese padecer,
es la gran prueba de saber soltar,
para que ellos puedan ser y crecer.
Entonces preguntas, con voz sincera:
«Si todo pasa, si todo se va,
si duele amar y duele la espera,
¿cuál es el fin de este caminar?»
Y yo te digo, con pensamiento,
la respuesta que llevo en mi ser:
el sentido no está en el retenimiento,
sino en vivirlo todo al nacer.
Es en el fuego donde te haces fuerte,
tanto si abraza como si se va,
es en la espera donde se mide la suerte,
y en la pérdida, la verdad está.
Que lo que diste, lo que tú sentiste,
lo que fuiste para el otro ser,
eso es tu tesoro, y nadie te lo quita,
eso es lo eterno de tu querer.
La vida no es casa donde estar quieto,
es río largo que corre hacia el mar,
choca las piedras, busca su objeto,
y en su correr está su verdad.
No estamos aquí para que todo sea eterno,
sino para todo ser verdadero al fin,
amar hasta el dolor, porque es el invierno
que hace más dulce llegar al jardín.
Cuidar y dar hasta que ellos se vayan,
pues eso prueba que lograron crecer,
reír y llorar, soltar y que se vayan,
todo es la vida, todo es el saber.
Y al final de todo, la clave está aquí:
deja tu huella en todo lo que tocas,
no importa cuánto duró junto a ti,
sino cuánto te cambió, cuánto te provocas.
Vivir es eso: sufrir y amar,
perder y ganar, todo a la vez,
y aunque te duela el nuevo despertar,
cada paso es tu gran merecer.
Porque al final, se entiende con calma,
que nada se pierde, todo se va,
pero lo que el amor sembró en tu alma…
eso es lo eterno que siempre está.