Zoily Anamilé De la Cruz Zuna

Rojo Carmesí

Náufrago de inquietudes, encontraste ese papel directo a mi isla.

 

Nadie supo que mi paleta era mi mapa de heridas.

Un lienzo que estaba a punto de añejar y dejarse en blanco.

 

Fuiste el primero a quien le abrí la llave del pecho,

el primero que iba a encajar en la cerradura que por años di por muerta.

Pero la cerradura estaba del lado de adentro,

una cerradura que te intenté mostrar y te olvidaste de llegar.

 

El manual que escribí con sangre de carmesí,

las instrucciones perfectas para aprender a amar,

lo leíste del revés, como un espejo devolviendo niebla,

un reflejo que se olvida de sí mismo.

 

Quería que el amor se sintiera,

que me ardiera por amor, y ahora me quemo por tu amor,

como un vidrio que aprende a ser arena,

roto por el llanto de una niña sabor a limón,

para después volver al mar

y encontrar mis pies desnudos en cristal quebrado hacia ti.

 

Pero tú confundiste la orilla con un ascua,

te cegaste en mi futuro amor,

y el mar con un azul que no sangra,

no llora, ni siente, no comprende este peso de no ser pintada jamás.

 

Pensé curar tu sed con mi rompiente,

llenarte de agua y sanar con tu sed;

mas fuiste arenas que huyeron de mi orilla,

me secaron y me dejaste vacía.

Dejaste un hueco donde el pecho brilla,

donde mi amor florecía, y donde mi corazón se arrepentía,

como un hogar que se apagó de frente,

como un divorcio que se sigue amando pero ya no puede seguir quedando.

 

Tu mano que esbozaba eternamente

y se calentaba en mi mejilla

rompió mi vidrio al pisar su semilla;

fuiste violento y seguías en contacto con mi alma.

Y aquella llave que en mi entraña anilla,

que abrirías solo tú, si te lo dejaba,

no dio la vuelta: el aire estaba ausente,

no regresaste a intentarlo, y lo aceptaste.

 

Así el carmesí se parte en dos mitades:

mi color y tu amor.

Una es el grito, la otra es la rutina;

todo se volvió lineal, monotonía de amar sin ser amado.

 

Llovió tu nombre en mis fragilidades.

Quebró el cristal que me seguía hiriendo mis piernas.

 

Me arrastré para llegar a ti,

y sacrifiqué, me endeudé y me atreví.

Fui valiente y cometí crímenes.

 

Lograste que una virgen suicida lograra escapar de su castidad

solo por buscar el calor de tu abrazo de nuevo.

 

Y aunque me arda esta sal que me calcina,

aunque me busquen y me pongan precio por condena,

volveré a ser tu mar, tus tempestades:

porque quiero escapar a ti,

gota que pinta mientras se asesina,

una suicida rebelde que regresa a ti.

 

Gota a gota estaré en ti,

porque sé que puedo escapar en ti,

como un error que se reza,

una lágrima que se seca.

 

Te dejaré pintar sobre mí

porque deseo que lo hagas, lo que está escrito,

porque el dolor es mi única certeza

de que estoy viva y puedo seguir amando.

Pero acaso, ¿el dolor me demuestra mi amor a ti?

 

Y en el corazón no quiero que te borres,

quiero que sigas rayando mis paredes,

aunque el lugar te haya quedado enorme

y mi corazón siga amando por ti.

Sé que nunca verás lo cerca que estuviste

de ser eterno

en el amor,

tan solo un trazo que el aire desviste,

que desnuda mi cuerpo y alma por tus razones,

un borrador que arde mientras existe.