Llueven suspiros como gotas,
almas errantes,
besos del cielo
que ungen la herida,
y se disfrazan de consuelo.
Día de luz gris, tenue,
quietud que transmuta,
el amor inventa acertijos,
el diablo ensaya ser bueno.
¿Quién descifra la farsa?
¿Quién sostiene la máscara?
Nubes que persisten,
carrozas trashumantes
cargan pensamientos.
¿Quién no anduvo por las nubes alguna vez?
Ideas que luego se disipan
apenas el sol las nombra.
Brisa fresca que eleva,
toda promesa va al cielo,
también los olvidos,
porque todo lo que se libera
termina siendo cielo.
¿Qué importancia tiene un día que insiste en no ser?
Así es la vida:
hay días sin elegancia,
hay días crueles,
días intrascendentes
como esta llovizna que persiste.
Pero aun así,
son necesarios,
porque hasta la llovizna enseña
que existir es persistir,
y persistir es el acertijo
que nunca se resuelve.