Nkonek Almanorri

DE VARGAS LLOSA Y SU LIBRO “LOS CACHORROS”

 

 

De niño, con once años, recuerdo jugar al fútbol en un terreno pendiente de edificar entre la Avenida de Las Escalerita y el barranco de La Ballena, junto a la Urbanización San Rafael, en Gran Canaria, de este hecho recuerdo que alguna vez se apuntaba un chico de unos veinte años a compartir el darle patadas a la pelota, ni tan siquiera era un balón. Años después supe por un amigo de toda la vida que aquel chico que era vecino de la localidad se convirtió no sólo en un gran periodista y novelista autor de novelas como El camaleón sobre la alfombra, Estado de coma, Calima, El árbol del bien y del mal, Los dioses de sí mismo y la que yo pienso que es su mejor novela, Las naves quemadas, sino también en el segundo biógrafo de Vargas Llosa, es JJ Armas Marcelo. Durante décadas no volví a verle y fue hace cuatro años, en Madrid y en el Café Gijón (ya desaparecido después de un siglo de presencia literaria en la ciudad) donde volví a encontrarme con él; al principio no me reconoció: habían pasado casi 57 años…

 

Años después cuando Vargas Llosa, el mismo que en una charla literaria en la Casa Colón en Vegueta,  Las Palmas de Gran Canaria, abandonó el lugar y salió huyendo cuando compañeros del Diario de Las Palmas le acusaron allí y en público de ser culpable de que campesinos peruanos fueran asesinados por decir que eran componentes del grupo Sendero Luminoso (de ideología comunista, dijeron después) ya había escrito “La ciudad de los perros” en 1963, ya era un escritor  consagrado; después escribió “Los Cachorros”, en 1967 con la que imponía el estilo de la novela urbana, la novela de los barrios marginales, antes de que Vargas Llosa entrara de lleno en este estilo literario ya lo habían hecho, pero apenas se hizo saber, escritores y novelistas como Sebastián Salazar, Enrique Congrains Martín, Ribeyro y otros; estos fueron en verdad los escritores que descubrieron y expusieron públicamente la verdadera cara de la Lima vieja y colonial, la auténtica. Estos novelistas fueron los que en sus novelas dejaron ver cómo la mítica Lima y Ciudad de Los Reyes se había convertido en una ciudad noderna de rápido crecimiento gracias a la llegada de una población rural; este hecho fue el que se opuso al estancamiento y la decadencia de la clase burguesa y colonial blanca, la que se mantenía estancada aún más de un siglo después de la Independencia de España.

 

En este sentido la actitud del grupo de la generación de los 50, los primeros escritores del realismo urbano es de rechazo frontal de la sociedad en la que ellos están inmersos, describen los barrios bajos, el mundo profundo y marginal que también es parte de la brillante ciudad colonial dirigida por la minoría blanca. Son, en la mayoría de los casos, escritores marginados o relegados al olvido, precio que debían pagar (como así ha sido siempre) por su vocación literaria. Para Vargas Llosa este escritor, Sebastián Salazar Bondy, como escritor e ideólogo político fue una figura excepcional de su tiempo, un denunciador social clave para entender aquella época; esto fue antes de que Vargas Llosa dejara de ser un escritor al servicio de una clase política que después le dio la posibilidad de obtener el Nobel de Literatura por sus grandes “servicios” a la política de la ultraderecha en el continente.