O. B.

El Ășltimo poema para ti

Hola, buen día.

¿Cómo estás?

Sabes, recuerdo que al principio me desesperaba buscando tu silueta entre la gente.

También recuerdo cómo llegué a creer que cada notificación en mi teléfono era un mensaje tuyo.

Pensaba que volverías a mí.

Que regresarías conmigo.

Que por alguna extraña jugada del destino,

al final volverías

y me escogerías a mí.

Que todo volvería a ser como ese diciembre que pasamos juntos.

Jaja.

Qué curioso.

Porque después de tanto tiempo,

ya no me permito hacerlo.

Ya no te busco.

Ya no espero tu mensaje.

Y supongo que esa es una buena forma de empezar esto.

Ya casi se cumplen seis meses desde el día en que te perdí.

Ya casi seis meses desde el día en que creí que también me había perdido a mí mismo.

Y aunque no fue fácil,

he conseguido algo que en aquel momento sentía imposible.

Dejé de intentar entenderte.

Dejé de inventarte razones.

Dejé de buscar maneras de justificar tu ausencia.

Dejé de mendigar tu atención.

De tanto que te soñé, perdí el sueño.

De tanto que escribí, olvidé cómo hacerlo.

Fuiste mi inspiración para escribir, y ahora quiero que dejes de serlo.

Recuerdo preguntarte, de forma desesperada, si es que acaso me odiabas.

Y recuerdo perfectamente tu respuesta.

No te odio... pero la verdad es extraño. No sé cómo sentirme al respecto.

Y aunque hoy parezca absurdo,

esa respuesta me bastó.

Porque no quería convertirme en el villano de tu historia,

por si es que algún día llegaras a escribirla.

Recuerdo también que sonreí.

Pensando que si no había odio,

todavía quedaba algo por rescatar.

Y supongo que eso era exactamente lo que habría pensado cualquier hombre enamorado.

Ahora,

mientras intento darles un final a los escritos que empezaron por ti,

descubro algo curioso.

Te convertiste en la villana de mis poemas.

Aunque realmente nunca lo hayas sido.

Y creo que por fin entiendo por qué ocurrió.

No fue por lo que hiciste.

Ni por lo que dijiste.

Ni siquiera por la forma en que te marchaste.

Te convertí en mi villana porque nunca te fuiste del todo.

Porque seguiste apareciendo en mis madrugadas.

En mis salidas.

En una canción en específico.

En los recuerdos que aparecían sin permiso.

Y sobre todo...

en este corazón ridículo

que se negó durante tanto tiempo a dejar de sentir amor por ti.

Pero incluso eso ha comenzado a cambiar.

Mis sentimientos están resurgiendo por alguien más.

Y por primera vez siento que tu recuerdo ya no pesa como antes.

Creo que es momento de avanzar.

Yo mismo entiendo todo lo que me costó.

Y realmente,

medio año de mi vida no es nada

comparado con todo lo que te quise.

Durante todo ese tiempo llegué a sentir que desperdiciaba mi vida.

Dediqué mis esfuerzos a no olvidarte,

y a tratar de conservar lo más que pudiera de ti.

Pero ahora lo veo distinto.

Sé que no solo me hundí en la tristeza,

también me mejoré a mí mismo.

Porque incluso en mis peores momentos,

fui capaz de limpiarme las lágrimas,

sacudirme el polvo

y volver a levantarme.

Por eso,

escribir este poema es el inicio de algo nuevo.

Voy a seguir adelante con mi vida.

Aunque tu recuerdo vuelva alguna vez.

Aunque todavía existan días en los que tu nombre aparezca sin permiso.

Sé que puedo lograrlo.

Ya no considero que el hecho de que no te quedaras sea una gran decepción en mi vida.

Ahora entiendo

que la verdadera decepción

habría sido quedarme hundido en la tristeza

y no avanzar.

Porque el mundo siguió.

Tú seguiste.

Y aunque me costó aceptarlo,

yo también tengo derecho a seguir.

Tal vez algún día volvamos a cruzar miradas.

Y ninguno de los dos sonría.

Tal vez apartemos la vista.

Tal vez, aunque sea por un instante, pensemos el uno en el otro.

O tal vez no lo hagamos.

Y continuemos nuestro camino.

Y por primera vez...

eso no me parece triste.

Me parece justo.

Porque ya casi seis meses después,

ya no estoy escribiendo para que vuelvas.

Estoy escribiendo

porque por fin

estoy aprendiendo a seguir sin ti.