Bebió un río de rosas,
sus hojas llenas de vida;
fueron sus espinas, con verdes tallos,
las que se enraizaron.
En sus sueños de años,
el sabor de la tierra fue más de su agrado.
No volteó a ver el pasado
ni se arrepintió de haber perdido los días;
solo caminó sin rumbo,
cruzando el río que le dio de beber.