En la Escuela de la Vida
En la escuela de la vida no hay horarios fijos, ni campanas que anuncien el final de la lección, las aulas son el mundo, los libros son los hechos, y los maestros, el tiempo y el corazón.
Aquí no hay exámenes ni títulos que valgan, lo que importa es lo que aprendes en cada tropezón, las cicatrices que llevas, las lágrimas que saltan, y la fuerza que encuentras para seguir la canción.
Las materias son variadas: amor, dolor, alegría, perdón, gratitud, valentía y decepción, cada una te marca, te cambia, te guía, y te enseña a valorar cada bendición.
El profesor más sabio es el silencio profundo, que te invita a escuchar la voz de tu interior, a encontrar las respuestas en lo más recóndito, y a seguir tu camino con firme convicción.
Los compañeros son todos aquellos que cruzan, tu senda, dejando huellas en tu corazón, algunos te acompañan, otros solo te rozan, pero todos te enseñan una valiosa lección.
Y al final del camino, cuando el telón se cierre, lo que realmente importa es lo que has aprendido, cómo has amado, cómo has vivido, cómo has servido, ¡y cómo has dejado tu huella en esta escuela de la vida!