Contemplo el verde de la sabana,
sin leones ni tigres.
Cargo energia
para luchar en el circo romano,
cual gladiador revivido.
En el brillo de tus ojos
me veo mas claro:
Sin exageraciones,
ni miedos absurdos.
Escucho lo que cuentas,
igual que un cordero,
atrapado por una jauría de lobos.
El egoísmo, asustado,
huye,
despavorido.
Se anticipa la primavera.
Ropa de colores atrevidos.
Caminos plagados de flores
por cuyas orillas,
discurre
un gusano con ruedas,
abanicado
por frases vacias
y miradas perdidas.
Tu ya no estás,
pero sigues conmigo.
Reloj detenido en el mismo instante,
que perdura desnudo y sin frío.
Luz en la noche,
que provoca tu ausencia.
Sueño despierto
y hablo despacio,
conmigo mismo.
Un cíclope gigante,
vestido de nubes
me mira con su ojo,
amarillo anaranjado.
¡Mañana no tiene por qué
ser distinto!