Qué elegancia la del Poder Legislador,
con su peluca blanca y su latín fluido,
redactando un artículo muy de ordenador
mientras afuera se escucha el estallido.
¡Ponedle un sello! ¡Que sea en papel de hilo!,
que el párrafo tercero prohíba la metralla,
que el mundo es un jardín de hermoso estilo...
siempre que no te encuentres en la valla.
\"La paz es un derecho\", dice el juez,
con una pluma de oro y voz de seda,
mientras el fabricante, con lucidez,
cuenta los tanques que hay en la moneda.
¡Qué tontos los cañones, qué groseros!
No han leído la última enmienda,
prefieren el lenguaje de los fieros
y convertir la ley en una ofrenda.
Firmemos el tratado, abramos el champán,
que el papel aguanta todo lo que escriban,
mientras las armas —que no saben de plan—
esperan que los necios se suscriban.
¡Y el político por muy progre que se autodefina, como antecede, ni avanza ni retrocede, cede!