TRISTE TROVADOR

LUPITA

Lupita siempre supo  que los olores y sabores de la cocina  estarían en su vida, desde esa vez que descubrió que una fragancia de masa de maíz y piloncillo que le daba su mama era la causante de que dejara de llorar, además después sabría que las  hojas de chípil cocidas en agua y agregado con limón, era un excelente placebo para calmar el hambre de ella y sus hermanos.

 

Nacida en el ocaso del verano cuando el agua abunda por todos lados y  los senderos en los campos se anegan de olores y colores; Tal vez esto fue el motivo para dar sus primeros pasos, pues el aroma de las flores de Cempasúchil y las Amapolas morada le atraían irresistiblemente al altar de día de muertos que su madre levantaba cada año.

 

Eso la llevaría a dejar de ser una niña  y aprender a jugar entre el  metates, el molcajete, los tecomates y jícaras y a temprana edad preparar comidas y pócimas; como la  pulpa de cirian en agua hervida, que es un repelente contra los chaneques que la asustaban cuando la mandaban al rio por agua, asi tambien a usar el molinillo para hacer chocolate bien espeso.

 

No tardo en entender el lenguaje de las aves, a sembrar la tierra, a sentir la hierba y a escuchar el canto de las lluvias en verano, asi como comprender el poderoso secreto de las letras que su mama le alcanzo a enseñar.

 

El destino la hizo mujer el día que su madre partió de este mundo al traer una nueva vida y, se tuvo que encargar de sus hermanos, para cuidarlos y para alimentarlos. Hasta que el perfume romántico de un ramo de flores de San Nicolás la enamoraron; En una época donde ser madre era  más por encargo divino que por elección. Y asi sin más que decir la vida le dio ocho encargos que la motivaron a perfeccionar sus conocimientos en la cocina.

 

Consiente de su papel dador de vida no tardo en experimentar, descubriendo el poder curativo de las plantas y yerbas como estafiate, la ruda, la yerbabuena, el gordolobo, el pápalo quelite y tambien el humo purificador de las ramas de copal para alejar los malos espíritus. Agrego nuevos ingredientes a los uchepos y tamales, al pozole le agrego la esencia de la mejorana y al arroz con leche la adorno con una pisca de anís.

 

Una noche de invierno a la luna llena, le tomo prestada una pisca de su esencia y con eso aprendió a hacer quesos, cremas. Un día, una liebre del campo le regalo un néctar de su cuerpo para preparar panes y galletas.

 

Pero la vida le tenia preparado nuevos horizontes; En un suave día de otoño una vieja calandria le anuncio que era la emisaria para buscar en lugar lejano el ingrediente secreto del “Mole”. y asi, sin más en una chunde que le regalaron unos indios, reunió todos los aromas, sabores y esencias y las envolvió en hojas almendro y partió con sus encargos de su tierra, cruzando la sierra purépecha llego a hacia la enormidad de la ciudad.

 

Con fe ciega en si misma y segura de su talento, no tardo en encajar a su nuevo entorno, entendió el valor del cilantro y su importancia en la carne en su jugo, llevo al extremo el picante de las tortas ahogadas tanto que ahora todos la piden “media ahogada”. Compartió con orgullo la receta de las enchiladas Michoacanas, le puso pollo al pozole, verduras a los tamales y logro en tiempos difíciles, con un par de huevos alimentar a sus hijos. También descubrió nuevos secretos de las plantas medicinales como el árnica, el jengibre, el tomillo y la yerba de San Juan para aliviar la tristeza que a veces le causan sus hijos y nietos.

 

Y aunque ya encontró el ingrediente “secreto” del Mole, hoy en día comparte con amigos y clientes sus mejores platillos cada domingo, mientras la vida se lo permita, en su pequeño negocio que desde hace 12 años atiende con esmero y dedicación.

 

Esperando que toda la gente guste y disfrute con ese talento que la vida y la fortuna le dio.

 

Triste Trovador